
Hay una frase que mucha gente repite como si fuera sentencia: «yo soy asÃ, siempre he sido asû. Como si la forma en que te valoras fuera una herencia que te toca cargar, un rasgo que llegó a fijarse en tus primeros años y ya no se puede tocar. La lógica es cómoda, porque si naciste asÃ, no hay nada que decidir. Pero es falsa.
Una idea reciente de Jossie Aspauza va justo en la dirección contraria: la autoestima no se nace, se construye o se destruye con cada decisión. Y puede empezar incluso si, antes de que nacieras, tu familia ya vivÃa situaciones complicadas. Detente ahà un segundo, porque el punto no es menor: tu punto de partida puede estar marcado, sÃ. Pero el punto de partida no es el punto de llegada.
MÃralo en lo cotidiano. Te preguntan cómo estás y respondes «aquà andamos, no me puedo quejar». Te alagan y el chiste sale antes que el gracias. Te equivocas y tu diálogo interno suena más duro que el que usarÃas con un amigo en problemas. Ninguna de esas reacciones es herencia genética: son decisiones repetidas tantas veces que parecieron naturaleza. Y lo que se repitió se puede repetir distinto.
Si quieres cambiar ese patrón, hay tres decisiones simples que funcionan mejor que cualquier discurso:
- Cámbiale la frase al error. En vez de «soy un desastre», usa «lo hice mal, puedo hacerlo distinto». La primera frase ataca a la persona; la segunda corrige la acción. La diferencia parece pequeña y no lo es: decide si la próxima oportunidad te encuentra destruido o listo.
- Deja de negociar tu valor con los demás. La autoestima que depende de la aprobación ajena no es autoestima: es arriendo. Reconoce lo que haces bien sin esperar que alguien te lo firme.
- Decide una vez al dÃa, aunque sea chica. Descansar cuando tu cuerpo lo pide, decir no sin justificarte en exceso, felicitarte por algo que salió bien. Una decisión diaria vale más que un plan anual que nunca arranca.
Nadie te entrega la autoestima hecha, ni la heredas de la familia que te tocó. Se construye a pedacitos, en decisiones que nadie ve: cómo te hablas después de equivocarte, qué te dices cuando te miras al espejo, si te permites celebrar un avance pequeño. Esa relación contigo es la más importante que vas a tener, y también la única que está en tus manos todos los dÃas.
Trata de hablarte, al menos hoy, como le hablarÃas a alguien que quieres.
