
¿Te ha pasado que tratas de describirte y solo te salen roles? El trabajo, el estudio, la familia, lo que otros esperan de ti. Como si ser tú mismo fuera básicamente cumplir un horario. En algún momento casi todos aprendimos a sonreír donde no queríamos, a callar lo que pensábamos y a cargar etiquetas que nadie eligió: el tímido, la fuerte, el rarito, el que nunca se queja. Con los años esas capas se sienten tan naturales que uno jura que son la piel.
La psicóloga Ale Alvarez planteó en un reel una idea simple, pero potente: tu esencia está intacta. No hay que fabricar una versión mejor de ti; hay que despojarse de todo lo que no te representa para que lo que sí eres vuelva a verse. La autoestima, en ese enfoque, no consiste en sumar logros ni frases frente al espejo: es trabajo de escultor. Quitar lo sobrante.
Tres maneras concretas de empezar:
- Audita tus capas. Anota los hábitos y las opiniones que practicas a diario y pregúntale a cada uno: ¿esto lo elegí yo o fue una defensa que se quedó? Lo que sirvió de escudo en su momento puede ser hoy solo peso.
- Separa la información del rótulo. No es lo mismo un comentario puntual (alguien te dijo impulsivo una vez, quizás en ese contexto era cierto) que convertirlo en identidad: «yo soy así y no hay más que hablar». Puedes aceptar una observación sin heredar la etiqueta para siempre.
- Prueba retirar antes que agregar. En vez de lanzarte a una rutina grandiosa, saca algo esta semana: una complacencia que te cobra caro, un compromiso que ya no es tuyo, una conversación interna que repites por costumbre. Observa qué queda cuando sale.
Lo incómodo de soltar lo que no eres es que da la sensación de perder algo. Pero esa identidad armada de expectativas ajenas nunca fue del todo tuya: era un chaleco ajustado que aprendiste a llevar sin quejarte. Cuando lo sueltas, no queda el vacío; queda el espacio donde tu esencia ya estaba esperando.
Por eso me parece tan útil la enseñanza de este reel: no se trata de convertirte en nadie distinto. Se trata de dejar de confundir la escultura con las manos que te tallaron.
No tienes que inventar una mejor versión de ti: solo dejar de sostener todo lo que no eres.
