
Damián Becerra contó una idea de Javier Botía que merece mirarse con calma: les puso nombre a algo que casi todos sentimos y nadie nombra. Los llamó “los años perros”. Un perro vive menos años que una persona, pero los vive con una intensidad mucho mayor. No arrastra la mochila del pasado ni vive pendiente de lo que pueda salir mal mañana. Está ahí, presente, respondiendo a lo que pasa. Y tal vez por eso, aunque su vida sea más corta, parece más llena.
A nosotros nos pasa lo contrario con frecuencia. Días enteros en piloto automático: misma ruta al trabajo, las mismas conversaciones, las mismas quejas. El tiempo pasa, sí. Pero pasarlo no es lo mismo que vivirlo. Si alguna vez terminaste una semana y no sabrías contar qué ocurrió, sabes exactamente a qué me refiero.
La buena noticia es que esto sí se puede trabajar, y no depende de tener ni más tiempo ni más plata. Depende de tres decisiones que puedes tomar esta misma semana:
1. Rompe la rutina a propósito
La mente se alimenta de lo nuevo. Si nada cambia en tu día, tu cerebro no tiene material con qué trabajar y los días se funden unos con otros. No necesitas un viaje caro: cambia la ruta, prueba una comida distinta, conversa con alguien que no conoces. Un estímulo pequeño puede sacar una semana entera del automático.
2. Deja de postergar la vida “para después”
El perro no guarda sus ganas. Nosotros sí: dejamos el paseo pendiente, la charla pendiente, el proyecto pendiente, como si el tiempo fuera infinito. No lo es, y esto no es pesimismo, es matemática simple. Cuanto más vives con ganas ahora, menos queda atrapado en un “algún día” que a veces nunca llega.
3. Equivócate más seguido
Botía dice que hay personas que pasan décadas repitiendo lo mismo, y otras que en pocos años cambian, aprenden, se equivocan y crecen más de lo que muchos se permiten en toda una vida. La diferencia no es suerte ni talento: es permiso. Permiso que te das tú para probar cosas nuevas, fallar y volver a intentarlo. Cada error de verdad vivido suma más vida que diez años de repetir por comodidad.
Y aquí entra la fórmula de Víctor Küppers: V = (C + H) x A. Puedes tener conocimientos y habilidades de sobra, pero si la actitud está en cero, el resultado es cero. Los años perros son pura actitud multiplicándose. El perro no tiene un plan de carrera ni un calendario; tiene hambre de hoy. Tú sí tienes el plan, el calendario, las herramientas. Solo te falta la parte que multiplica.
La pregunta que dejo abierta no es cuántos años vas a vivir, porque eso escapa a tu control. La pregunta real es otra: cuánta vida cabe en los años que ya tienes. Ahí sí mandas tú, hoy, con decisiones pequeñas que rompan el piloto automático.
Que no te pase que la vida te dure mucho y te llene poco. Tal vez el perro que se va tan pronto, en realidad sabía algo que nosotros andamos olvidando.
Fuente original → Damián Becerra (humanoenconstruccion) en Instagram
