No toda opinión merece el mismo lugar en tu vida

No toda opinión merece el mismo lugar en tu vida

Tiempo de lectura: 2 minutos

No toda opinión merece el mismo lugar en tu vida

¿Te ha pasado que un solo comentario te estropea el día entero? Alguien dice algo, tal vez sin mucha intención, y tú lo cargas hasta la noche. Lo repites en tu cabeza, lo revisas desde todos los ángulos y de pronto dudas de algo que hacías con entusiasmo. Lo curioso es que no todas las palabras pesan lo mismo, pero muchas veces les damos exactamente el mismo sitio: el centro de la mesa.

Hay una distinción que cambia por completo cómo recibimos lo que nos dicen: la pregunta no es solo ¿qué me están diciendo?, sino ¿desde dónde me lo están diciendo?

Te dejo tres ideas para ordenar el asunto:

  • Mira de dónde viene antes de decidir cuánto pesa. Hay personas que te pueden decir algo difícil cuidándote: desde el respeto, sin humillarte y sin querer apagar lo que eres. Eso es una crítica que puedes escuchar, revisar y usar para crecer. Y hay otras que solo proyectan sobre ti sus propios miedos y frustraciones. El mismo mensaje pesa distinto según la mano que lo entrega.
  • Escuchar no es obedecer. Cuidar tu autoestima no significa cerrarte a las críticas ni creer que todo lo que haces es perfecto. Al contrario: puedes agradecer la observación, tomar lo útil y soltar el resto. Que alguien opine de tu trabajo no obliga a que su opinión defina tu valor.
  • Protege lo que amas. Si dejas que se instale cualquier voz, lo más caro no es la herida del momento: es lo que puedes dejar de hacer. Cuanta gente ha abandonado eso que le daba vida —una idea, un proyecto, una forma de expresarse— por repetirle por dentro las palabras de alguien que ni siquiera la conocía. Discernir también es un acto de valentía.

Fíjate que la actitud aquí no es ponerse a la defensiva ni tragarse todo. Es algo más fino: abrir la puerta a las palabras que te ayudan y ponerle límite amable a las que solo buscan hacerte más pequeño. Como cuando ordenas la casa: no tiras todo, eliges qué se queda.

Así que la próxima vez que un comentario te acomode mal, hazte la pregunta completa: ¿qué me están diciendo y desde qué lugar me lo están diciendo? Con esa respuesta en la mano, tú decides cuánto espacio le das.

Tu valor no se vota en los comentarios de otros. Tú tienes la última palabra, y cada día puedes usarla a tu favor.

Fuente original → fotoarteuy en Instagram

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