
¿Alguien te ha dicho “ponle más actitud” justo en la semana más difícil de tu vida? Seguro que sí. Y quizás te pasó lo mismo que a muchos: el consejo suena bien, lo intentas, y a los tres días estás igual o peor. No es que la actitud positiva falle. Es que en ciertos momentos no llega sola.
Álex Rovira lo planteó sin vueltas cuando le preguntaron cómo mantener una actitud positiva en medio de un mal momento: a veces la actitud positiva no es suficiente. Por mucha energía que le pongas a una pérdida grande o a un golpe inesperado, hay dolores que no se resuelven pensando en bonito. Y ahí él lanza la pregunta que él mismo usa cuando la vida lo apreta: ¿qué es lo que tengo que aceptar?
Fíjate qué distinto suena. Te invita a mirar qué tienes que soltar antes de empujar con todo. Eso cambia el foco por completo:
- Ponle nombre a la cosa. “Esto fue duro y me duele, y está bien que duela.” Decirlo en voz alta ya baja la intensidad. Lo que no nombras, lo cargas.
- Distingue aceptar de rendirse. Aceptar no es estar de acuerdo con lo malo ni quedarte en el suelo; es dejar de pelear con algo que ya ocurrió, porque pelearlo gasta las fuerzas que necesitas para avanzar.
- La actitud vuelve, pero después. Cuando dejas de gastar energía en “esto no debería haber pasado” queda espacio para la pregunta de verdad útil: ¿qué hago con esto desde hoy?
Hay algo casi paradójico en esto: la actitud positiva funciona mejor cuando no la fuerzas. Primero haces el trabajo silencioso de aceptar, y recién ahí el optimismo deja de ser máscara y vuelve a ser motor. Si intentas saltarte ese paso, la sonrisa se mantiene por fuera, pero por dentro sigue la batalla contra lo que ya no puedes cambiar.
Y algo que va para los hombres especialmente: aceptar que uno está afectado no es debilidad. Cuesta más decir “esto me golpeó” que fingir que todo bien. Pero solo la gente que se lo admite puede empezar a caminar de verdad.
La próxima vez que tengas un mal día, prueba la pregunta de Rovira antes de obligarte a sonreír. Puede que lo que te falta no sea más ánimo, sino menos pelea.
“No todo se cambia con ánimo: algo se empieza a cambiar cuando lo aceptas.”
