
Piensa en la última semana. ¿Cuántas veces hiciste algo que ya sabÃas que te dejaba mal, y lo hiciste igual? No hablo de grandes decisiones, hablo de lo pequeño: el mensaje que contestaste con bronca, la discusión que repetiste por quinta vez, la expectativa que volviste a ponerle a alguien que nunca cambia. Todos tenemos una lista asÃ. La pregunta no es si existes, es qué hace esa lista contigo.
El psicólogo Alfonso Ruiz Soto propone un criterio muy simple, casi incómodo de tan directo: hay dos tipos de actitud, la funcional y la disfuncional. ¿Y cómo distingues una de otra? No con una teorÃa, con algo más honesto: si tu actitud funciona, lo notas porque vives mejor. Tienes paz, vas en armonÃa con lo que haces. Si en cambio asumes una actitud que te está afectando —y la mantienes aunque te duela— esa es la señal.
Me parece útil por una razón concreta: nos acostumbramos a defender actitudes que nos desgastan como si fueran parte de nuestra personalidad. «Asà soy yo», decimos. Pero la actitud no es identidad, es una elección repetida. Y se puede revisar.
1. La prueba está en cómo vives tu dÃa, no en lo que crees
Una actitud funcional te deja mejor que antes. Literal: después de actuar, te sientes en paz. Una disfuncional hace lo contrario, pero viene bien disfrazada de lealtad, de esfuerzo, de «porque lo vale». Si al final de la jornada estás más vacÃo que al empezar, ahà hay algo que mirar. Sin dramatismo: con lápiz y papel.
2. Los apegos son donde más se esconde
El ejemplo clásico es la relación que ya viste que no te conviene —una pareja, una amistad, incluso un entorno de trabajo— y que mantienes igual, porque cortarla da miedo. Sabes que te afecta, lo sabes hace tiempo, y sigues. Ahà la actitud disfuncional no es la otra persona: es seguir actuando como si no supieras lo que ya sabes.
3. No se arregla con más fuerza de voluntad
Este punto me parece el más valioso. Cuando revisas la actitud disfuncional a la luz de tu sistema de pensamientos —las ideas con las que justificas quedarte donde estás— le das la vuelta y ahà vienes la liberación. No es «esforzarme más por aguantar», es cuestionar la idea que sostiene la conducta. Cambia el pensamiento y la actitud cuesta menos de lo que temÃas.
Nada de esto requiere cambiar de vida de un dÃa para otro. Requiere honestidad con una sola cosa: mirar cómo te sientes cuando actúas como actúas. Eso es todo. El resto se ordena solo a partir de ahÃ.
¿Y tú? ¿Hay alguna actitud en tu vida que ya sabes que te desgasta y que sigues repitiendo? Te leo en los comentarios.
