
Hay una frase que repite Ana Ortega en un reel reciente y que me gusta porque desarma un malentendido común: tener una mentalidad positiva no significa ignorar los problemas. Significa entrenar la mente para enfocarse en lo que sà suma. Y esa palabra —entrenar— es la clave. Nadie se levanta un lunes con una actitud impecable solo porque lo deseó. Es una práctica, igual que la fuerza fÃsica: se construye con repeticiones, no con buenas intenciones.
La buena noticia es que el entrenamiento es más simple de lo que parece. No necesitas cambiar tu vida; necesitas cambiar pequeños gestos diarios. Estos son los que más me resuenan:
1. Empieza el dÃa antes del teléfono
Antes de desbloquear la pantalla, piensa en tres cosas por las que estás agradecido o agradecida. Suena a cliché hasta que lo haces: cambia el punto de partida del dÃa. Pasas de abrir los ojos reclamando a abrirlos reconociendo.
2. Cuida cómo te hablas
El diálogo interno es el que más te acompaña y el que menos escuchas. Cuando te descubres diciendo «no puedo con todo», cambia el marco: «estoy aprendiendo a gestionarlo». No es maquillaje de palabras; es cambiar la historia que le cuentas a tu propia cabeza.
3. Limita las quejas y celebra los logros chicos
Cuando te pille quejándote, busca una solución o un aprendizaje en lugar de quedarte en el reclamo. Y al revés: no esperes la meta grande para celebrar. Hoy entrenaste, avanzaste en tu proyecto, tuviste paciencia en algo difÃcil. Eso cuenta, y contarlo como victoria entrena la mirada.
Además, cuida tu entorno: la energÃa de las personas con las que pasas tiempo influye directo en tu mentalidad, y el consumo de contenido negativo —noticias compulsivas, comparaciones constantes— funciona como un entrenamiento en la dirección contraria. Dedica también dos o cinco minutos a respirar con conciencia: es la forma más rápida de volver al presente cuando la mente se va con los problemas.
Al final del dÃa, cierra con dos preguntas: ¿qué fue lo mejor de hoy? ¿qué aprendÃ? Es una rutina de dos minutos que transforma el cierre de cada jornada.
V=(C+H)*A. Los conocimientos y las habilidades importan, pero la actitud es el multiplicador. Y la actitud, como decÃa Ana Ortega, no es algo con lo que se nace: es algo que se entrena cada dÃa. La pregunta no es si puedes tener una mejor mentalidad, sino si estás haciendo hoy una repetición de ese entrenamiento.
Fuente original → Fuente original → ANA ORTEGA en Instagram
