
¿Cuántas veces has contestado un cumplido con un «no, si no es para tanto»? O alguien te hizo un gesto cariñoso y tú, en automático, lo rebajaste: «no debiste», «no era necesario». Pasa mucho más de lo que creemos, y casi siempre pasa silencioso. La psicóloga Marta Soro lo resume en una sola frase: «El que da amor nunca pierde; pierde… el que no sabe recibirlo». Y esa última parte es la que casi nadie revisa.
Nos entrenaron toda la vida para dar: compartir, ayudar, estar disponible. Pero a recibir nadie nos enseñó, y por eso esa mitad del circuito queda rota. Aquà van tres ideas para empezar a cerrarla.
1. Dar sin contabilizar te protege
Cuando das con medidor en la mano, cada gesto se convierte en una deuda que el otro no pidió. «Yo hice tanto por ti…». Esa contabilidad convierte el cariño en cobranza y agota a los dos. En cambio, cuando das porque te sale —porque eres as×, ese amor no se va: queda en la relación, en la persona, y en cómo tú te sientes al darle espacio a lo mejor de ti. Quien da amor de verdad no pierde nada, porque dar bien ya es la ganancia.
2. Saber recibir es autoestima en acción
Rechazar un gesto, un regalo o un cumplido no es humildad; con frecuencia es una seña discreta de que no te crees merecedor. Piénsalo desde el otro lado: cuando minimizas lo que alguien te da, le niegas a esa persona la alegrÃa de haberte alegrado. Recibir con una sonrisa y un «gracias» a secas —sin devolver el favor de inmediato para saldar la cuenta— es una forma concreta de decirte a ti mismo que tú importas. Y eso, más que ego, es salud mental.
3. Recibir bien multiplica lo que ya diste
El circuito del cariño tiene dos mitades y las dos cuentan. Dar abre el ciclo; recibir con gratitud lo cierra y lo vuelve a poner en marcha, más grande. No se trata de llevar la cuenta de quién debe qué: se trata de dejar que el movimiento siga corriendo. La próxima vez que alguien te dé algo —tiempo, atención, un plato de comida—, quédate un momento con esa sensación en lugar de espantarla. Dejar entrar es la mitad que faltaba.
La frase de Marta Soro sirve para releer tus relaciones en cinco segundos: revisa si estás en la mitad que da, en la que no sabe recibir, o —con suerte— en las dos.
El amor que das nunca se pierde. Se pierde cuando no lo dejas llegar. Hoy, prueba solo con un «gracias» a secas.
