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Dime si te suena: alguien te corta el paso en la carretera, un mensaje llega con menos emojis de lo normal, o la impresora se queda pegada justo antes de una reunión. Y de pronto tu dÃa entero se tiñe de un tono que no elegiste. Horas después sigues rumiando algo que, en la foto grande, no significa nada.
Maytee Sepúlveda lo puso sin rodeos: «No permitas que las pequeñas cosas te arruinen la vida. Muchas veces te dejas afectar por cosas que no tienen ninguna trascendencia». Y agrega una palabra que me gusta mucho: flexibilidad. No la flexibilidad de una postura de yoga, sino la del árbol que se dobla con el viento y no se parte. La capacidad de aceptar lo inesperado sin perder la calma ni la actitud positiva.
La lógica es simple, pero potente: la vida va a soltar cosas pequeñas a cada rato — un imprevisto, una crÃtica, una demora. No podemos controlar eso. Lo único que sà podemos decidir es cuánta energÃa le entregamos.
Tres formas de no entregarle tu energÃa
1. Pregúntate: ¿esto va a importar en una semana? Es el filtro más honesto que existe. El 90% de lo que te molesta en el dÃa no pasa la prueba. Y si no pasa la prueba, no merece el pago de tu enojo. Concédele un minuto, respira, y déjalo pasar como el tráfico de la mañana.
2. Practica responder flexible. Cuando el plan se cae, en vez de pelear con la realidad, ajusta el plan. Que la reunión sea online, que la receta cambie, que el camino sea otro. Los rÃgidos se quiebran con lo inesperado; los flexibles le encuentran la vuelta. Ser flexible no es ceder en lo importante, es no gastar pólvora en cigarrillos.
3. Cuida tu calma como un activo. La paz interior no es un lujo que aparece cuando todo sale bien; es una decisión que se defiende. Si te das cuenta de que algo chico te está robando la tranquilidad, nómbralo: «esto es pequeño y estoy dejando que me gobierne». Solo nombrarlo ya baja la temperatura.
Lo que más me gusta de esta idea es que no te pide sonrisa forzada ni positivismo de cartel motivacional. Te pide criterio: distinguir lo trascendente del ruido. Y ahà aparece algo que VÃctor Küppers llamaba actitud: la parte que sà es tuya en la ecuación V = (C + H) × A. Puedes tener conocimiento y habilidades, pero si la actitud se te va en pequeñas fricciones, el resultado se multiplica por casi cero.
Asà que la próxima vez que algo nimio intente secuestrar tu dÃa, recuerda que tienes derecho a no recibir la llamada. No contestas y sigues caminando.
El que se enoja con la lluvia se moja igual; el que la acepta lleva paraguas.
